viernes, 10 de abril de 2009

Verde de arte y estela de estrella

El verde es jergón desprendiendo olores a lluvia, a tierra y a permanencia. La maraña, la tela de araña que araña sus entrañas con extraña maña.
Los tallos sujetan flores que asemejan diamantes de arte. Las mismas bellezas se posan en los hilos que adormecen sus sentidos, y mueven martillos que percuten en las fibras que forman, con delicadeza, el constante corazón de Ella. El notable bombeo se ancla en las manos infinitas de Él, para adherirse a los mil relojes que condicionan su existencia, buscando matar sus mecanismos. Mueren con ellos el verbo echar y todas sus conjugaciones, llenándolo todo de un más que no resta.
Él toca el cielo, bajando nubes para Ella o subiéndola al infinito. Él toca el cielo. Él huele a cielo. Él sabe a cielo. El cielo.
Los campos sangran cuando sus años pasan, aptando su voz a los rugidos de diente de león, y dotando de alas a pensamientos incapaces de caber en ninguna galaxia. El timbre es de muebles de arte. El raciocinio es estela de estrella añeja. De estela de estrella añeja, que ciega, que inunda, que ensordece, que embelesa...en el cielo de la noche de San Juan.

2 Comments:

Juan Fernández said...

Una inmensa sonrisa es lo que se me pone en la cara cada vez que leo estas cosas tan grandes, San.

trilceunlugar said...

qué poético y primaveral...

Estrellas que regalan su tiempo al Infinito