sábado, 17 de enero de 2009


Callada estaba Ella mientras leía las palabras de su alrededor. Parecía como si aquella bestia, que nunca estuvo muy cerca suyo, se hubiese metido debajo de su piel y anduviese representando barbaries y espanto bajo relieve.


Al introducirse en la cama, no tenía fuerza ni para arrastrar el edredón y así guarecerse del frío. Su tamaño sólo le permitía amarrarse a una esquina de la manta y tirar, hasta adecentar el lecho que le iba a permitir escapar de la prisión de verbal realidad; aquella en la que se había visto sumida tras lo sucedido.


No habiendo pasado ninguna hora sin pensar en aquello, y en cómo éso era capaz de decapitar vidas y corazones, amaneció una mañana. Ella se introdujo bajo el agua, dejando que la paz penetrase por los poros de su piel, y deslizar aquello que atormenta por las noches, hasta desaparecer por el agujero negro del desagüe.


Cuando se dio de bruces con la realidad que más de una y un millón de veces la había atribulado, notó que una de sus rosas había alcanzado el cielo, desigual a la otra flor. Después de los minutos empleados durante los últimos días en la consideración de la trascendencia de los actos de tal monstruosidad, sintió sobre su piel, aunque desatinadamente, la herida abierta por la bestia.


Elucubrar era inevitable para Ella en ese momento. Estaba segura de estar actuando de una manera egoísta y exagerada, mas aun creyéndolo ilógico, no podía zafar ese pensamiento. "¿ Y si...?" - pensaba. Corrió a informarse y con la boca aún más minúscula, volvió a formularse la misma pregunta.


Rieles para encauzar sus cavilaciones. Éso, junto con tiempo y exámenes a los pétalos de su flor, era lo único que podría poner sobre su rasguño, que aun pudiendo ser imaginario, necesitaba de algo que apaciguase la supuración emocional.

2 Comments:

Anónimo said...

Eso no va a ocurrir, te lo prometo.

Oski said...

Es más díficil tapar las heridas emocionales que las físicas.

Porque sangran por dentro y no venden tiritas para eso.

Quizás sólo el tiempo cure...

Quizás...

Un abrazo.

Estrellas que regalan su tiempo al Infinito